Project Zero

La historia (basada en un hecho real) nos pone en la piel de Miku Hisanaki, una temeraria jovencita de 17 años con poderes paranormales que se adentra en la siniestra Mansión Himuro en busca de su hermano Mafuyu, desaparecido cuando seguía los pasos de su mentor, el célebre novelista Jusei Takamine.
Conocemos estos sucesos mediante un prólogo brutal (que a la vez sirve de tutorial), en el que manejamos a Mafuyu durante sus primeros momentos en la Mansión Himuro. Somos, por tanto, espectadores al tiempo que actores de la chispa que desencadena la tragedia. Muy acertada esta forma de presentarnos la situación. Muy acertada su realización técnica: blanco y negro de alto contraste, con un fuerte filtro granulado que “ensucia” las imágenes.
Cambio de roles. Ya en el papel de Miku, la Mansión Himuro se va descubriendo, por medio de diferentes documentos y de acertadas secuencias de video, como un macabro escenario de sanguinarios rituales. Puro sadismo para satisfacer nuestras ansias de entretenimiento. Una vez más, los extremos se tocan: disfrutamos mientras sufrimos.
La cámara. El elemento diferencial de Project Zero. Dotada de un poder mágico, y valiéndonos de nuestros poderes paranormales, nos permite finiquitar a los fantasmas de la Mansión Himuro así como descubrir pistas ocultas para resolver enigmas y acceder de esta forma a nuevas zonas.
Hay más: la energía de los fantasmas que eliminemos se convertirá en puntos que distribuiremos para mejorar las características (velocidad, poder, rango de alcance…) de nuestra cámara.
Una cosa más. Perfeccionistas, enhorabuena: conseguimos puntos dependiendo de la calidad de las fotografías. Todo un incentivo para hacer bien las cosas.
Project Zero es un juego impresionante. Máximo exponente de la dualidad lo paso bien-lo paso mal que se le debe exigir a un título de estas características, alejado de los sustos gratuitos y del festival de sangre de Resident Evil, entronca con la saga Silent Hill al ofrecer una experiencia de tensión in crescendo.